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Calculé mal la distancia… y solo me has rozado, no has llegado a tocarme como hubiese deseado, solo me has rozado. Y hundido bajo la desilusión estoy un poco desubicado, no sé si acercarme e intentarlo de nuevo o alejarme para otro lado, no sé qué debo hacer. Confuso me muevo, después de todo, estoy sorprendido de que solo me hayas rozado. Puse todo mi empeño en lanzarte señales, me mostré como soy solo para ti, y ahora no sé si pliego y salgo o sigo aquí con este juego, de tiras y aflojas donde expongo mis sentimientos y estoy al albur del dolor primero, del primer amor. Se me va el verano, se me va de las manos la calma, esperando tu llegada, tu llamada que intuyo que no va a llegar, te noto a mil kilómetros de mí. Esto se acaba, y dudo de todo lo pasado, de lo que siento y recreo en mi mente, que se turba y atolondra, en un pesar desesperante, de lo que quisiera hubiese sido y tu evitaste, queriendo o sin querer, y esa es la duda que me persigue y ensombrece. Tu ignominia me desnuda y me deja vulnerable, en una intemperie sentimental, y me siento ignorado, que es peor aún que rechazado. Me pregunto interiormente, para aclararme, para encontrar un error, para entender, para comprender si te molesté, si fui demasiado agresivo o por el contrario demasiado poco, y si en el fondo fui muy “naif” en mi manera de proponerte y sugerir. Eso es, quizás fue la forma poco frontal de mostrarme, tan dubitativo, que ni siquiera te dabas cuenta de mis palabras, de mis deseos y de mis miradas, cargadas de futuro, y de imágenes imaginadas, de nostalgias de lo que sería aquella melancolía retrasada, cuando queriéndonos los dos, el destino nos separara.

Pienso en soledad, en esta espera, si fui esquivado a propósito, y si esa expresión de ausencia que adoptabas a veces en nuestros encuentros, era tu manera de no querer captar lo que yo te decía y hacía para engatusarte, o en cambio era inocuo a ti mi veneno y tu no advertías ni sentías, lo que yo creía mostrarte evidente, sin dudas, con claridad, queriendo hacerte ver que tu pelo irisado y tu piel dorada por un sol abrasador, me desarmaban y perdía mi equilibrio emotivo, yo tan calmado aparentemente, y tú sin enterarte. Con los latidos rompiéndome el pecho, y descontrolado me derrumbaba, pero escondía todos los escombros en los que me convertía, y puede que ese fuese el error, no dejar ver en lo que me mudaba por ti, un  amasijo de sentimientos gigantes, caídos y esparcidos por la playa, testigo de nuestros paseos.

Imagino y me invento sin certeza verdadera que huías cuando te lanzaba mis débiles dardos y tú mirabas hacia otro lado. Y ya no veía esos ojos que me abrasaban como ascuas, y ese girar tu rostro a un lado, escondía tu sonrisa, que ocultaba ese mundo de deseo que se me mostraba un momento antes, cuando me perdía en tus labios, que ya percibía no serían para mi, puesto que nada de lo que yo te revelaba lo sentía correspondido. Me aproximé, pero no lo suficiente, temía quemarme y herirme, y al final lo que ha pasado es que se me acaba el verano y siento que solo me has rozado, por no haberme entregado, y sobre todo siento, que yo solo te he rozado y tú ni te has enterado de que te quería tocar. Y hoy, no sé qué hacer, si insistir o cerrar los ojos y dormir. Hoy como nunca, descubro cuánto un roce tan liviano, puede hacer tanto daño.

 

*Tulsa con guitarras que rasgan la piel, pone música al leve roce que tanto daño hace…

Solo me has rozado

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