Etiquetas

, , , , , , , ,

El metal, solitario es frío, y se torna cálido cuando junto a la piel toma nuestra temperatura. Hoy está en la mesa, alejado y fuera de su lugar habitual, del sitio para el que fue creado. Ese anillo, junto al otro, que una vez formaron pareja, se vuelven gélidos en la distancia del cuerpo, expuestos a la intemperie. No están en los dedos que una vez soportaron su encierro y su cerco. Hay inscripción en su interior, nombre y fecha, un recordatorio de efeméride y data, de cuando tuvo lugar el suceso. Marca y muesca que tallada con mimo y precisión nos deja un significado, nos deja el mensaje de un pasado, primero cercano y que después, con el tiempo inexorable en su avance, nos parece lejano, cada día un poco más, cada avance en el calendario la fecha queda más atrás. Ese rebaje en el interior, muestra a los participantes, uno en cada aro. Y su lectura, nos trae la visión de las caras que llevan esos alias, y al nombrarlos mentalmente se nos aparecen en toda su realidad, que no es realidad, puesto que está subjetivada por nosotros, por nuestro filtro psíquico, que cargamos de experiencias, de situaciones y de anhelos de lo que fue y de lo que no fue. Las dos sortijas reposan cercanas una de la otra, allí sobre el cristal, que deja ver el vacío hasta el suelo. Un vacío que lo llena todo. Un suelo en el que me encuentro, en el que se encuentran mis sentimientos. No se puede caer más bajo, más hondo, estar a ras del suelo. Miro los surcos externos, miro la piedra, el brillante en una de las alianzas, veo el metal precioso, contemplo el oro blanco, estoy ensimismado en esa aleación que conforma y significa tanto en un simple objeto, un vínculo. Puse mi arete con suavidad y amor, mi círculo de unión, al lado del suyo, que ya no quiso, que rechazó y apartó de sus manos, de las manos que lo acogían en tiempo pretérito y que en un presente que ya no lo es, hicieron que se deslizase suave y lentamente de ellas. Sacándolo lentamente sin dureza ni violencia, como si en ese acto intentase no sufrir daño, que al deslizarse no le rasgase, ni la piel ni el alma. Algo que no evitó que dejase en jirones la mía. El símbolo que era de unión, dejó de serlo para ser objeto, simple adorno, forma de embellecer parte de nuestro cuerpo que tanto da y tanto dice de nosotros. Desgarrado por esa ceremonia de entrega, de devolución, veo pasar despacio ese instante por mi mente. Episodio final de un periodo en común que ella quiso deshacer, separar nuestros destinos. Desligarse y quitar la atadura que ese ornamento le era. Y asfixiaba su garganta aprisionada desde el anular, que le impedía recibir un nuevo aire. Miro la cronología de los hechos, desde el inicio hasta este momento, hasta esta mirada abstraída, perdida, viendo en dos anillos miles de sentimientos, asimilando que nada es para siempre.

*Presuntos Implicados nos ponen la música al texto de hoy. Asimilación de que puede que lo que tenemos no sea eterno, de lo frágil que puede ser todo vínculo.

Nunca es para siempre

Anuncios