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Hoy, fecha y efeméride, marca en el calendario, en el almanaque colgado, visto cada día y cada año. Reprobado por mis ojos que en este día siempre evita mirarlo. Todos los recuerdos se agolpan en un solo número, cifra fija en la mente, que furtiva salta todas las normas escritas de olvido y nueva vida. Desperté, y sin darme cuenta me encontré frente al anuario, fijando la vista, y descubriéndolo como un enemigo visto por mercenario comprado. Pensamiento traicionero llevándome al abismo. Y me repongo y me dispongo, y sin darme cuenta te escribo y fluyen todos los instantes encajonados y guardados, obligados al silencio. Veo ante mí, las tardes y anocheceres, en las casas deshabitadas que utilizábamos como cabañas, casas que servían de refugio, del frío del invierno y del calor del verano, de la solanera de las cinco de la tarde, vespertinos encuentros que hacían eternas las horas antes de que llegase el momento de vernos. Allí todos, en la cabaña del “Gorrino”, pues solía ser suya, era él, el que más empeño ponía en adecentar y habilitar esos lugares, que eran escombros de lo que antes fueron hogares de otras gentes, y esperaban la llegada antes que después de escavadoras que los derribasen. En esos lugares afianzamos nuestros deseos y planes para un futuro incierto, y en esos mismos lugares, nos dejamos parte de nuestros anhelos. Hoy, ante este guarismo a la vez bello y a la vez temido, me decido a escribirte esto que te escribo, tantas veces eludido, tantas veces sorteado, por no recordar este día, que me trae a la cabeza ese otro día, de inicio de una “no despedida”. Nunca la hubo, solo un paso atrás y luego otro, y otro más, hasta que ya no nos vimos, y no nos quisimos ver.  Pero a mi se me quedó grabada la fecha de ese primer paso alejándote, quedó marcada en la mente y en la retina, será por ello que la esquiva y no quiere verla y enfrentarse a ella, puede que le duela la imagen repetida. Hoy algo me ha empujado a ponerte estas letras, para saber como estás, esperando que te vaya todo genial. Decirte que ya no queda nada de aquellos años, y aunque ha pasado tanto tiempo no es fácil desprenderse de ello y que solo rehuir de la nostalgia y la melancolía es lo que me hace no mirar la agenda. Y en este día me he dado cuenta que no vale la pena borrar una fecha del calendario, que es como perder un día de vida, que han pasado tantos años, que ya ninguno de aquellos somos los mismos, ni siquiera todos estamos, que tú sigues con tu vida y yo con mis instintos literarios.

 

 

.     *No podía resistirme en esta fecha a utilizar la canción de Celtas Cortos y generar un texto para ella.

20 de abril

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