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Mil veces me pregunto qué haría para que te marcharas, y mil más me pregunto qué haría para que volvieras conmigo. Que haría para no sentirme perdida desde tu partida, desde que dejamos de pasear por las plazas y calles que fueron testigo de cuanto te quería. Y qué daría por no tener que evitar esos lugares para no sentirme así cada día. Sigo la ruta de la herida en mi piel para convencerme de que debo olvidarte. Y reflexionar nunca se me dio bien, siempre fui más de actuar, quizás por eso no encuentro respuesta a esa insistente pregunta que resuena en mi conciencia, que trastornada, se convierte en inconsciencia porque ya no estás. Hago mil cosas en las horas del día, las hago sin necesidad muchas de las veces, para no pensar ni imaginar cómo sería ese día si tú aún siguieras en mi vida, y cuando avanza el día creo haberlo superado, y contenta me decido a afrontar nuevos retos sin que tú me hagas daño. Daño, esa palabra que tú no sabes  que va unida eternamente a ti, esa palabra que sólo con pensarla produce el efecto de lo que describe, ese mal que hace, deterioro de la persona física y psíquica. Nunca me pusiste un dedo violento encima, pero tengo el cuerpo molido como si una tunda de palos me hubieses asestado. Esa palabra, daño, es sinónimo de tu recuerdo, es llanto cuando cae la noche y mi cama está desierta de tu cuerpo. Esa palabra, es la humillación y el ahogo, el perjuicio y la pérdida de juicio, y por mi cabeza pasa quitarme la vida, arrastrarme y pedirte y suplicarte el regreso para no sentirme perdida. Y por eso, busco en mil cuerpos el olvido, y procuro llegar rendida a ese momento nocturno de entrar en el dormitorio, el lugar en el que nos amamos tanto, pensando que así, tú no vendrás a mi encuentro. Y me equivoco, en cuanto entro en el cuarto, apareces en toda tu esencia y me digo que no lo aguanto, y ese momento no sé lo que haría… Todo lo que ha quedado es daño, que es más de lo que tuvimos. Lo que tuvimos me digo, y me pregunto qué tuvimos…  y salgo del cuarto para no sentir la palabra que se torna en pérdida y calamidad y molestia. Procuro olvidarte pero la cabeza no me deja, insiste en condenarme a una depresión, que empuja a la locura y a la desesperación. Necesito salir en busca de aire. Aire nuevo que me de respuesta a lo que haría para no sentirme perdida, para no sentir la desdicha.

*Javiera Parra y los Imposibles, nos dejan esta versión de la canción de Manuel Alejandro para Hernaldo Zuñiga, que se convertiría en un clásico, y que me sirve para relatar ese sentimiento de vacío que nos hace pensar que haríamos cualquier cosa por el regreso del que ya no está, aunque el poso que haya quedado sea el daño…

Procuro olvidarte

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