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Solo, Solitario, Solamente en soledad, reconcomiéndose por dentro. Recordando lo que había visto, la traición. Los había visto juntos, al principio pensó que podía ser amistad, pero fue un pensamiento efímero, enseguida y sin buscarlo se encontró con una realidad que ahora le estaba consumiendo. Ese instante se repetía una y otra vez en su cabeza, esa mano que acariciaba el pelo, esa mano que surcaba con suavidad la cintura, esa mano que cogía la mano de ella, era como si le golpease directamente en el mentón, y grogui no podía pensar con claridad. Se resistía a llorar, para no nublar la vista y poder ver con claridad y no distorsionar una visión tan dolorosa. Pero ese mareo que le producía el shock de recrear mentalmente el instante en que sus labios se acercaron y se rozaron levemente, ese vértigo le hacía no pensar con transparencia, todo se le movía alrededor. Estuvo días sin dormir bien desde el suceso, estuvo incómodo con ella, con la cabeza en otra parte, principalmente en una calle, aquella que para él era la calle de entrada al infierno, donde vio el encuentro. Ella no podía entender qué le pasaba, qué le preocupaba y se lo repetía muchas veces, si tenía problemas en el trabajo o si era otro motivo personal, y él esquivo, eludía dar explicaciones, achacaba su ensimismamiento y mal humor al entorno laboral que decía asfixiarle. Pero no pudo seguir más con ese juego de perro y gato, de mentira sobre mentira.  Entonces se lo dijo, le dijo que lo sabía, conocía la deslealtad y que no entendía qué fue lo que la llevó a la infidelidad. No quiso escuchar las excusas de ella, salió en estampida y ahora pasados los días, la cabeza le da vueltas y solo piensa en arrancarla de su memoria y borrar aquella huella, sobre todo la marca dejada por aquel momento. Los celos cada día van en aumento, cuando ya deberían ir a menos. La felonía debería ir quedando amortiguada por el tiempo pasado, pero no remiten los odios levantados en su interior. Hace planes para deshacerse de ella, no físicamente, eso nunca, pero fantasea con pasar página encontrando otra persona que le alivie la cólera, que le traiga el sosiego perdido, una tranquilidad que llevaba en su vida cotidiana cuando creía que su existir estaba pautado hasta el final de los días. Él, que siempre huyó de los sobresaltos, se topó con lo inesperado, con lo insospechado, con la deserción sentimental por parte de la pareja que adivinaba como eterna. Y piensa en matarla virtualmente, eliminarla de su vida, dándole vueltas una vez y otra a cómo hacerlo. Ya procura no coincidir con amigos comunes que la traigan a su presencia no corpórea pero si emocional, hasta procura no ir a los lugares comunes en los que ambos estuvieron tantas veces y que no le traerían más que aflicción. Pero cuando queda solo, solitario, solamente en soledad, todo se transforma y se hunde y las lágrimas con las que lucha porque no broten, ganan la batalla y salen torrenciales como llanto de niño, con la mueca amplia en la cara, con el dolor desgarrador de la desilusión, cuando ésta es inesperada. Y solo piensa en suprimirla, y sacar y extirpar de dentro su recuerdo, el de los buenos tiempos y el desalentador, el de aquella tarde ya lejana, pero tan cercana cada día que arrebata el sentido, y en la locura transitoria pide que sea devorada y destruida por una mano divina para que él pueda descansar. Y le surgen mil demonios que tiene que aplacar para no ser esa mano sentenciadora y justiciera que se convertiría en mano ensangrentada, de una fatalidad absurda, que no va con su forma de ser, nada violenta y siempre pacífica, huidizo de la pelea y abogado de la palabra. Y con el silencio que le acompaña en los momento de soledad, en esos malos momentos, se rehace y piensa en seguir adelante e intentar salir del pozo en el que está sumido por un desafecto tan frustrante y dejar los pensamientos negros sobre la que hasta hace poco fue su amada, y que a partir de ahora por su deseo, el de ella y por su respeto, el de él, quedarán en nada, y aquella calle quedará olvidada.

 

 

*Hoy ponemos música algo políticamente incorrecta al relato de celos y deseos de destrucción inicial, con canciones de Loquillo y Alaska y Dinarama

La Mataré”                                     “¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?

          

Nota: Si padeces violencia de género, no dudes, llama al 016.

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