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Ya son varios días los que nos hemos encontrado por la calle y por los bares, al principio lo tomé como casualidad, nos movemos en los mismos ambientes, y nos gustan los mismos bulevares, las misma zonas donde comprar. Pero empiezo a preguntarme si esto es forzado por el azar, o quizás una vuelta de tuerca de tu terquedad, y tus intenciones de volver a intentarlo otra vez. He perdido la cuenta de cuantas veces ha ido y venido nuestra relación. Nuestras rupturas no son traumáticas, he de reconocer que nos lo tomamos bien, la incompatibilidad que decimos que nos separa es la misma que terminaba por juntarnos una vez más. Cuando lo dejábamos era por que querías libertad, yo no lo entendía bien, pero te dejaba volar e intentaba no pasarlo mal. Pasado el tiempo, volvías a hacerte la encontradiza y  me decías echarme de menos, que la soledad no te gustaba, que te dabas cuenta de que era tu media naranja. Y yo, cómo no, caía rendido a tus pies, siempre fuiste una debilidad para mi, siempre me imaginé contigo desde que nos hicimos más que amigos, confidentes de nuestras vidas, me hablabas de vivir el momento, de disfrutar de esta realidad. Discurría algo de tiempo y me exprimías todo el zumo, de esa media naranja que era, hasta dejarme seco, y de repente contabas que ya no aguantabas más, que necesitabas algo diferente. Y yo, vuelta a empezar, a pensar, a no entender, que nos empujaba a fracasar otra vez. Cuando nos despedíamos me decías que encontraría algo mejor, que encontrarías algo mejor, pero el amor no es lo que piensas, no es tan fácil como tú lo querías ver, no es como te lo imaginas, y sobre todo, no es fácil ni sano salir a buscar una y otra vez. El cuerpo queda derrotado y la mente desquiciada por la necesidad de nuevos afectos que borren la imagen del otro.

Hoy nos hemos encontrado de nuevo y veo en tu rostro las intenciones, esa sonrisa que sabes que me desarma, me la entregas como un arma para que me vuelva a suicidar, tus labios son como balas que me van a matar, que te van a matar. Tu mirada son misiles que van a estallar de tanto brillar, no me hagas esto, no te hagas esto, no lo podremos soportar una vez más. Y te pido que sigamos paseando, que me sueltes la mano sin hacernos daño, que el roce de tu piel duele cuando no está, pero duele más acostumbrarse a ella y luego soltarla y no sentirla más. Y esta vez lo tengo claro, no quiero tropezar, prefiero no equivocarme, ya son demasiadas veces y escojo esperar, paseemos juntos por el bulevar y guárdate las lágrimas que vas a soltar, seguro que nos echamos de menos, pero debe ser así, quizás lo recordemos como un sueño, pero es mejor despertar. No podemos seguir buscando dentro de nosotros dos, lo que no hemos encontrado las veces anteriores. Tú, una y otra vez quieres volver… acabarás haciéndome daño, acabaré haciéndote daño y eso no está bien. Debemos parar esta rueda infinita y curarnos las heridas, querernos más a nosotros mismos, debemos evitar sufrir en esta vida, es larga, lo suficiente como para intentar disfrutarla sin padecer traumas que nos la arruinen. Como me decías, encontraremos algo mejor, o al menos algo sin dolor, algo que no nos destruya, despidámonos así con amor, que no nos cerque el rencor, que no estropee todo lo bueno que queda entre los dos.

*Deluxe proyecto anterior del músico Xoel López, nos pone música al relato con dos canciones, que cuando me atasqué, fueron inspiradoras para continuar con el mismo.

(Historia Universal) El amor no es lo que piensas” “Tendremos que esperar

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