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La primavera trae a la vista la belleza del despertar del letargo invernal, todo es bello. Allá donde miras te parece maravilloso. Las mujeres y los hombres irradian luz y hermosura. Las ropas serias y tupidas dan paso a otras más ligeras y alegres que tapan menos piel. Piel que busca los rayos de sol para tornarse morena, piel que busca el aire libre que roce los cuerpos y los refresque de los primeros calores, pieles que se han liberado de las telas invernales. Y me cuentas esto para decirme que este ambiente te excita y te hace estar receptivo al amor. El verano con su calor sofocante, con sus largas noches, con las terrazas donde disfrutar tomando un aperitivo, una cerveza o una copa si la tarde se alarga y asoma la noche, abriendo la puerta a nuevas relaciones, a conocer gente nueva y nuevas emociones, que te traen y desbocan deseos contenidos, te hacen propenso al amor, me cuentas. En Otoño, el cansancio del verano, los primeros fríos y nubarrones, que hacen dejar de lado las terrazas y pasar al interior de los locales en busca de la calidez de su decoración, y buscando el calor de los cuerpos, y la proximidad de ellos y de las miradas que se mantienen fijas cuando se cruzan próximas en la barra del bar, te empujan al anhelo de labios nuevos, me dices. Y llegado el invierno, el frío hace buscar los abrazos de otro cuerpo que te temple, me declaras.

Todo me lo cuentas para decirme que no puedes con el compromiso, me dices que es mejor dejarlo pasar, que eres incapaz de serme fiel, cada vez que sales la tentación te vence. En cada estación encuentras un motivo para irte tras otros labios, otros ojos, dejarte caer en otros brazos, que no son los míos, y tampoco siempre los mismos. Buscas abrazos que sean diferentes a los que yo te doy, sales en busca de besos que piensas con lascivia nueva. Tentado siempre a labios de estreno, manos nuevas que tienten tu cuerpo y que otro cuerpo sea tentador para ti. En tu cabeza está solo el acariciar con novedad, si no es algo distinto no es lo mismo para ti, a veces crees que estás enfermo, pero no lo puedes resistir, salir y desplegar tus encantos por ahí. Explorar otras oportunidades de amar, es lo que te llena, me dices. No lo puedes evitar, cuando unos ojos se posan en ti, cuando por la calle te miran y piensas que es una invitación, cuando una sonrisa la intuyes como una llave para algo más, y te meces en ella, y cuando ya no la estás viendo te recreas pensando que era una llamada, que la sonrisa era una tarjeta de visita con una dirección impresa para poder volver. No te piensas un seductor, pero rehusar a serlo tampoco lo quieres, y te dejas llevar por un ensueño de conquistas infinitas, en el que cada día hay un amor nuevo, una ninfa que dona sus labios lúbricos y húmedos, de fresca sensualidad, me dices. Y lo cuentas con dolor, dices que no consigues quitártelo de la cabeza, que la fidelidad que me prometías no la puedes cumplir, que aquello por lo que te uniste a mí, ya no te llena, que durante un tiempo pudiste poner barrera a tus impulsos de amoríos, y me cuentas que cada momento es de enamoramiento, pero no conmigo, y que no consigues poner fin a ese sentimiento de captura, y de ofrecimiento tuyo para dar amor al otro sexo.

Me afirmas que no quieres serme infiel que luchas cada instante por no hacerlo, que el sufrimiento que tienes por los remordimientos, no los quieres padecer, y que tampoco quieres que yo los padezca, y que un día averigüe la traición, no lo deseas. Solo piensas que dejarlo es lo mejor, que tu sigas con tus encuentros, que ya no serán clandestinos y yo haciendo mi vida con otro destino. Dices que no puedes serme fiel y yo no tengo nada que hacer.

 

*La habitación roja nos trae una de sus canciones en las que nos narra la imposibilidad de fidelidad.

Dices que no

 

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