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Y después de ese cuento de invierno en el que ambos habíamos perdido, me levante una mañana y me di cuenta que debía seguir, que debía ponerme a bailar y no sucumbir, me has vuelto a hacer llorar pero debo conseguir pasar de ti, me llamaste una vez más y sin quererlo repetí, nos vimos, hablamos, me decías ser feliz, todo te iba genial, y esas palabras me mataban, cada frase dicha me apartaba más y más, y nos volvimos a besar, sin la pasión de antaño sabiendo que esta vez era el final, y me digo que ya llegó, que no estuvo mal pero he de parar, todo se esfumo, todo fue rápido y me engaño diciendo, sin dolor, cuando los dos sabemos que todo lo que hiciste me marcó; te marchas con tu coche y me quedo mirando anonadado, apartado, quieto, y  miro como avanzas por la carretera y yo me marcho a casa, con los ojos nublados, pensando que hoy si que ya llegó, y llega esta mañana en la que decido que tengo que continuar, que debo salir a bailar en busca de algo y alguien que me haga olvidar, dicen que un clavo saca otro clavo y yo voy a probar, pero esta vez sin duda no pondré el amor a batallar, sólo sexo y deseo, no quiero sufrir otro desengaño más, y me voy a danzar con el ritmo discotequero que ya no se lleva en ningún local.

*Hoy nos tomamos las lágrimas y malos rollos con irónía y cachondeo con el ritmo discotequero un tanto desfasado de La casa azul, hay que darle marcha a las penas.

Sucumbir”                        “Una mañana

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